El Menú Queso Lover de Carajillo
- 2 jun
- 3 min de lectura
Entrar a Carajillo con hambre ya es una buena idea. Entrar sabiendo que vas a probar el menú especial Queso Lovers creado por el chef Juan Arroyo es otra cosa. Hay cierta expectativa cuando te prometen un recorrido donde el queso no es acompañamiento, sino protagonista absoluto.
Y la verdad es que este menú no decepciona. Más bien, derrite cualquier intención de moderación desde el primer plato.

Desde el inicio queda claro que Juan Arroyo entendió perfectamente el assignment: crear un menú donde cada queso tuviera personalidad propia y donde cada platillo se sintiera indulgente, creativo y peligrosamente antojable.
La experiencia empieza con el Crunchy Jack, una croqueta dorada que parece entender perfectamente cuál es su misión en la vida: crujir fuerte por fuera y explotar en queso por dentro. Monterey Jack y Colby Jack fundidos como deberían fundirse todos los problemas del mundo. La longaniza entra con carácter, el aguacate baja las revoluciones y la spicy mayo termina de cerrar el trato. Es de esos platillos que hacen que la conversación en la mesa se detenga unos segundos porque todos están demasiado ocupados siendo felices.
Luego llega La Gringa Más Gringa, y aquí las cosas ya se ponen serias.
Trompo norteño, Colby Jack perfectamente integrado y un juego de salsas roja y verde que no busca competir, sino construir. Pero el gran acierto está en el guacamole, que aporta frescura, cremosidad y ese balance perfecto que hace que cada mordida se sienta completa. Es comfort food con diploma universitario, una gringa que entendió perfectamente que venía a lucirse.
El Abrazo de Jack probablemente sea el plato que más sorprende. Salmón con costra de Monterey Jack, dorado por fuera, suave y jugoso por dentro. Debajo, un pipián rojo profundo que no está ahí para decorar, sino para darle peso emocional al asunto. Cada bocado tiene ese equilibrio extraño entre elegancia y antojo brutal. Como si alguien hubiera logrado que un platillo sofisticado también se sintiera abrazable.
Después aparece Fundido en Tres Jacks, que honestamente podría cerrar cualquier discusión sobre si el exceso existe o no. Filete de res cubierto con fondue de Monterey Jack, Colby Jack y Pepper Jack. Sí, tres Jacks. Porque apparently uno solo era para cobardes. Los espárragos a la parrilla ayudan a mantener cierto orden moral en el plato, mientras las milhojas de papa con Monterey Jack dejan clarísimo que aquí el queso no es negociable, ni decorativo, ni opcional.
Y justo cuando uno piensa que ya no puede más, llega Dulce Jack. Una tarta vasca de Colby Jack cremosa, dorada y peligrosamente adictiva. Los frutos rojos aportan contraste, el rompope suaviza todo y el crocante de hojaldre le da el cierre perfecto.
Es el tipo de postre que provoca silencio, cucharas rápidas y gente diciendo “solo una probadita más” unas seis veces seguidas.
Todo acompañado por la Margarita Pepper Jack, probablemente uno de los cocteles más interesantes del menú. Zarzamora y guanábana con una frescura ligeramente ácida, mientras el Pepper Jack aparece de manera inesperada gracias a una maceración en frío con tequila joven. El resultado tiene un picante sutil que no invade, pero sí deja personalidad. Y encima llega coronado con una flor de pensamiento porque sí, también se vale beber bonito mientras uno toma decisiones cuestionables sobre pedir otra ronda.
El menú Queso Lovers en Carajillo no se siente como una colaboración armada para la foto. Se siente pensado, trabajado y, sobre todo, antojado. Mucho de eso tiene que ver con la mano de Juan Arroyo, quien logra que cada queso tenga un propósito real dentro del plato y no solo aparezca como decoración gourmet para Instagram.
Vale completamente la pena conocerlo. Aunque sea bajo tu propio riesgo, porque después de probarlo, cualquier quesadilla promedio de la vida real podría empezar a decepcionarte un poco.



Comentarios